Cuentos raros, comentario de Elida Favole

“Cuentos raros” es un título que, desde el primer momento, despierta la curiosidad. Quizás porque nuestros sesgos nos llevan a pensar que lo raro es ajeno a lo humano; sin embargo, los temas abordados en este libro, de la escritora paraguaya Delfina Acosta, aunque puedan resultar tabúes, no tienen nada de extraños. Como bien señala la propia autora: “da igual, todos somos un poco raros”.

Muy al contrario de lo que el recelo del término sugiere, esta selección de doce cuentos y microcuentos nos abre las puertas a ese mundo interior que solemos evadir con sonrojo y timidez. Su lectura nos envuelve en la avidez de querer formar parte de las historias relatadas. La autora nos ilustra desde las letras sin lisonjas ni artificios; lo hace desde el arte de la expresión y las imágenes esculpidas, tocando fibras sensibles como los bajos instintos, el desenfreno, la ansiedad y el erotismo.

Como parte de la naturaleza humana —especialmente de su faceta más bruta — nos revela cómo la violencia puede llegar a naturalizarse en contextos de impotencia y penuria. Así, describe la crudeza con la que se asumen hechos repulsivos, como el abuso sexual a una adolescente bajo la premisa implícita de que «aquí no ha pasado nada porque es el hijo del patrón»; una flagrante muestra de la doble condena de ser mujer, y además, pobre, recordando los versos de Carmen Soler.

Por otra parte, el libro también recrea la docilidad del tacto, el enamoramiento, el deseo sublime y el instante suspendido de las caricias y los primeros besos. La ilusión, como motor vital que nos permite soportar la vasta realidad, se manifiesta en un estilo poético que endulza los sentidos: “abrió la rosa de mi cuerpo, llenó de caricias mis brazos, mis párpados, mis senos”.

Entre sus relatos, nos ofrece una radiografía del entorno que habitamos, retratando circunstancias marginales como el flagelo de la drogadicción en los jóvenes, así como la vulnerabilidad social de los jubilados. El desamor, la indiferencia, la tristeza y la soledad absoluta completan este mosaico existencial. “El mundo es curioso y lejano”, enfatiza la autora.

En definitiva, el estilo narrativo de Delfina Acosta —sencillo, descriptivo y profundamente empático con sus personajes— enriquecido con metáforas precisas, invita tanto al deleite estético como a la reflexión. “Cuentos raros” termina siendo un espejo de nuestras realidades más comunes y ocultas: una obra que nos reconcilia con nuestras propias rarezas a través del poder de la palabra.

Elida Favole

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“Fronteras hilvanadas”, reseña de Elida Favole