Partidas y regresos

 

ÑANDUTI VIVE/ INTERCONTINENTAL EDITORA

 Diseño de tapa: Gustavo Rodríguez

 Queda hecho el depósito que establece la ley.

 Asunción – Paraguay

 1990 (55 páginas)

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COMENTARIO DE AUGUSTO ROA BASTO

El título de este poemario de Lourdes Espínola define de entrada su materia temática, su identidad autobiográfica, la que en poesía no necesita ocultar su rostro para espiritualizarse y ser el rostro del otro en lo humano universal. Pareciera oscilar esta imagen en una como refracción especular entre el presente y la memoria. Un presente ya pasado, vivido, sufrido y gozado en el temblor del éxtasis amoroso, pero abierto también, obstinadamente, al porvenir de una promesa. Memoria y promesa se confunden así en la materialidad del goce inextinguible que unió a dos cuerpos y los fundió en la unidad esencial y a la vez carnal del ensueño sin tiempo de lo erótico como pasión sublimada del amor.

 

La oscilación entre el recuerdo de lo pasado y la memoria de un presente que se obstina en detener entre las manos, entre los labios húmedos aún por el último beso, el nombre desnudo del amor, perfila poéticamente la imagen de una mujer sola entre dos tiempos: el de la memoria y el de la esperanza; el doble suplicio de la ausencia del amante y la imposibilidad de rescatarlo en el anillo incantatorio de una caricia. Ese nombre desnudo que, pronunciado, resucita - por decirlo así- la resurrección del instante efímero pero insaciable del deseo como experiencia de la alucinación amorosa. Esta deja en el cuerpo su quemadura de sol oscuro en la que la amante en soledad quisiera consumirse sin conseguir sino avivar más y más la llama del deseo.


Esta alucinación incluye otra: el delirio de la amante que se piensa a sí misma y se siente desgarradamente como una "parte" mayor que el "todo", sin tener más que el vacío de su soledad. Pero es justamente esta soledad, la promesa imposible del otro - pues ella sólo puede cumplirse a condición de que se la espere-, es lo que da al temblor erótico del poemario su verdad VIVA, su estremecimiento de anhelo y de deseo que escapan de la escritura y la palabra.


Sobre esta imagen de una mujer sola que se debate entre el recuerdo y la memoria de un presente irrepetible se inscribe la autobiografía de la única protagonista de este poemario; se suceden las partidas y los regresos en la búsqueda sonámbula del nombre desnudo, de este cuerpo desnudo, ahora oscuro, del amante perdido en el territorio crepuscular de lo erótico.


De esta ausencia-presencia brota la melodía vital y elegíaca de estos poemas. Acaso el triunfo de lo erótico en esta poesía lúcida y despojada consiste en afirmarse en la deseada como imposible conciencia de eternidad de lo efímero. Hacer voz y canción del amor que resucita su propia resurrección a cada partida, a cada regreso. "Mi destino está en ti -murmura la mujer sola encerrada entre dos tiempos-, marcado por tu verbo..." Pero verbo, aquí, ¿no significa acaso cuerpo, columna inmutable del amor? Escribir, por ejemplo: "Mi destino está en ti/ marcado por tu verbo: escribo, luego existo.."

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