Tataypype
En la nota liminar a la primera edición de Tataypýpe, el padre Bartomeu Meliá habla del fuego y la palabra como connubio de vida, vínculo que se enraíza en las hondonadas de la peculiar cosmovisión de quienes, como Susy, piensan, hablan y escriben en guaraní. Sin embargo, estas tres virtudes, por sí solas, no avalan la capacidad de concatenarlos en función de la poesía. Para ello, la persona que las tiene deberá poseer también la sensibilidad excepcional para este menester que hace a la belleza de la palabra escrita. Y, en este sentido, la sensibilidad de Susy es como un aleteo levísimo, apenas audible, acaso como el vuelo de una mariposa que de pronto escuchamos en el detenido silencio que se instala, absoluto, en esa hora imprecisa del mediodía del estío paraguayo.
Acaso por ello, en no pocas oportunidades hemos releído Tataypýpe en el afanoso intento por desentrañar sus misterios genesíacos, enigmas que, a duras penas, pueden ser avizorados a través de la urdimbre con la que Susy teje y desteje los significados y los significantes de su lenguaje poético. Porque aunque Susy usa, a veces, algunos vocablos castellanos en estado puro -o los guaraniza convenientemente-, su obra constituye el primer manifiesto de algo nuevo en la poesía escrita en guaraní, tanto en su temática como en el estilo y la forma de trabajar el idioma que, de esa manera, nos presenta un guaraní cotidiano que utilizamos para nuestra comunicación total. El acontecimiento o la anécdota no le sirve como tema para ser elogiado per se, sino como un pretexto para expresar los sentimientos individuales, la vida diaria en su pueblo natal, su infancia preñada de sucesos aparentemente nimios que marcaron, sin embargo, los códigos culturales que le son propios. Del aislado suceso anecdótico llega a una confesión humana, individual. Acaso es ella la primera en buscar una expresión coloquial en un momento en que todavía impera el discurso amoroso y patriótico en gran parte de la poesía escrita en lengua guaraní. Un ejemplo bien claro de esa declaración personal, íntima –de conmovedora aproximación a la nada en que deviene el olvido, la desmemoria de lo que hemos sido, de lo que ha sido consumido por la lengua de fuego de nuestra propia mortalidad-, son los versos siguientes que, al leerlos detenidamente, se transforman como por arte de magia en un bisbiseo casi litúrgico, cuyo efecto de profunda conmoción interna es su más bella impronta:
Tata'y
aheka
tesarái tanímbúpe.
Tata'y
rendaguépe
aipyvu, ahavicha
amosarambi
tanimbu ro'y,
tanimbu...
Tata'y
aheka
ajatapymi hagua...
(Extraído de la presentación realizada por Víctor Casartelli en ocasión de la presentación de la versión trilingüe -guaraní, castellano, inglés- de Tataypýpe)