A donde el viento me lleve, comentario de Elida Favole

A DONDE EL VIENTO ME LLEVE

*Comentario de Elida Favole sobre la obra de la escritora Delfina Acosta

Una dramaturgia de la escritora nacional Delfina Acosta. Una obra costumbrista, desarrollada en la ciudad de Villeta, que primero despierta la curiosidad, y luego, en tono humorístico y satírico, nos recrea diversos aspectos de la vida.

La puesta de una pieza de realismo mágico supone siempre un desafío para el o los directores, donde la profesionalidad de Ariel Galeano y Ronald Von Knobloch nos obsequió la conjunción de una trama atrapante.

Utilizan una gran variedad de símbolos y apelan a los medios sensoriales, que nos envuelven hacia cada escena, como parte de ella. La escenografía, los recursos sonoros, las voces, el diseño del vestuario y las luces, aportan el matiz necesario para adecuar la atmósfera, que termina adentrando por completo al público a ese mundo paralelo.

Las actuaciones del elenco no solo se destacan en el lenguaje dramático, sino también en el movimiento corporal, el desdoblamiento de algunas de las actuaciones, figuras retóricas y onomatopeyas.

El escenario central se despliega en el almacén Estrella, de Celestina, (Maggy Rojas). Una mujer de mediana edad, cuya vida trascurre ante la necesidad económica y la espera de su amado durante la prolongada sequía, nos

recuerda la aridez de la rutina y la vida solitaria.

El chisme es el medio principal por el cual, entre tanto agobio consiguen dar algo de color a sus días, se relacionan a través de él, y constituye prácticamente el único mecanismo que puede dar emoción a sus aburridas vidas. Las historias personales, los tormentos, la espera, generan inquietud, especulación, intrigas y descontentos. Excelente actuación de Dai Acosta.

La sequía, que además de simbolizar la rutina y la monotonía, lleva a Celestina a tomar decisiones motivadas por su soledad. Ella representa la comprensión, que aun en medio de sus propias necesidades, encuentra el tiempo y la forma de ofrecer empatía a los demás, incluso a un fantasma enamoradizo o a un viento desesperado.

Pulcra y Ana son clientas habituales del almacén. El anhelo por la búsqueda de pareja y encajar en los estándares que la sociedad espera, en especial de las mujeres. Una de ellas está dispuesta a hacer lo que sea necesario para encontrar un compañero, y la otra, añora vivir la ilusión de una pasión. Excelentes las actuaciones de Caro Castillo y María Liz Barrios.

El fantasma enamoradizo, Augusto Toranzos, actor de trayectoria, es un personaje misterioso y etéreo. Representa la fuerza del deseo y la pasión, una brisa suave en medio de la sequía y pese a las fuerzas extrañas que le siguen a todas partes, persiste en su afán, haciendo compañía a Celestina.

Rosario, fue uno de los personajes más hilarantes: aquella persona que se sabe expuesta ante sus propias debilidades humanas, la pequeñez de quien sucumbe, y luego, busca el autoperdón permanentemente para sobrellevar la carga de su conciencia. Refleja también, con mucho humor, el conflicto interior ante la contradicción de nuestros actos. Ella peca a diario, es consciente y no puede dejar de hacerlo, pero reza un ave maría para expiar su pecado ¡y los que cometerá a futuro!.

Uno de los símbolos recurrentes es el viento, un personaje difícil para cualquier actor o actriz, presentado en forma impecable por Hugo Matto. La inestabilidad constante, que esconde una desesperación latente.

El viento simboliza la libertad y la esencia del espíritu, es por ello que el elemento encierro, puede llevar a varias lecturas para cada espectador. El encierro, la ausencia, la añoranza, la autocensura, el estancamiento o el cercenamiento del libre albedrío puede ser un proceso doloroso en el ser humano, al punto tal que lleve a la desesperación.

En este pasaje, el trabajo actoral está tan bien logrado que a los espectadores nos resulta difícil no sentir empatía, y es inevitable embargarnos del dolor del otro, en su aflicción y angustia, el amor al prójimo.

Llegando a esta instancia abrumadora, es cuando parece que la oscuridad con sus espectros y tormentos se sumará a la sequía. Sin embargo, la narrativa de Delfina Acosta nos salva, dándole un giro con el cumplimiento de una profecía: volverá a llover en Villeta cuando dos personas se enamoren a primera vista.

Con un aire coloquial, mágico y poético, Delfina nos recuerda la fuerza del amor y el poder de la fe, aun en la adversidad, convirtiéndola en una exquisita pieza teatral recomendable.

**La obra teatral fue nominada y obtuvo el Premio EDDA de los Ríos a mejor obra popular, año 2025.

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