La generación dispersa, víctimas del Terrorismo de Estado también en Paraguay
¿Cómo abordar la propia biografía sin asustarse? ¿Cómo apostar a la vida en medio de secuestros, asesinatos, bebés desaparecidos, amigos del alma enterrados en fosas comunes?
Sonriendo, Teresa Godoy lloró al mismo tiempo y cruzó, valiente, decidida, su historia: una como pocas, que la lanzó a un destino insólito y arriesgado, provisto de informes con rabia por lo que no pudo hacer, pero sin dejar ver ningún deseo de venganza, noblemente, aunque a sabiendas, y se nota, que para ella nada está concluido: su postura revolucionaria, su pasión por modificar las injustas estructuras políticas, siguen en pié.
Me impacta la forma en que se salvó de la muerte y los valores espirituales que la llevaron a establecer vínculos profundos con sus semejantes.
Un día, repentinamente, aparecí en su vida. Éramos dos jovencitas que trabajábamos en el Diario la Tribuna -cuando todavía funcionaba sobre la calle 15 de Agosto-. Tere diagramaba mis escritos en las páginas culturales, mirando su diseño y delineando las marcas pertinentes, con la cabeza gacha. Y yo, ponelo así, insertalo acá... La escrutaba...
Enseguida comenzamos a hablar y cada vez más me sentía sorprendida por su agilidad mental y la originalidad con la que abordaba los temas de nuestras conversaciones, siempre frente a frente, con el escritorio de por medio. Yo intuía que algo había en la luz de su mirada y que su boca ocultaba una tragedia en penumbras.
No pasó mucho tiempo para que saltara y le dijera: ¡Qué estás haciendo aquí! ¿No te das cuenta de cómo perdés el tiempo? Me miró desconcertada y le dije: Deberías estar aquí mismo, pero redactando artículos periodísticos, con ese rico vocabulario y tu capacidad para ahondar en la condición humana.
Hablamos con el doctor Oscar Paciello, director del diario, y así empezó Teresa, sin dudas, atrevida en el sentido de "atreverse", su magnífica carrera periodística. No sé quiénes sabían que ella cargaba sobre sus espaldas la amenaza de convertirse en nada.
Pasaron los años y no la volví a ver, aunque muchas veces la tenía escondidita en mis pensamientos. Hasta que en octubre de este año me llamó y me entregó este libro: La generación dispersa. ¡No lo pude creer! ¡Cómo era posible que ella nunca me hubiera contado todo lo que comenzaba a leer, el testimonio que como un espejo me devolvía lo que ella pasaba en Buenos Aires y yo en Asunción!
Me alegré: el futuro no sería silencioso. Me sorprendió que hubiera trabajado mano a mano con el famoso Héctor Germán Oesterheld cuyos comics siguen siendo para mí los mejores de este género literario en Latinoamérica. Su nieto, Fernando Carlos Araldi Oesterheld afirma: "No fueron mártires ni héroes que se inmolaron por una utopía, fueron militantes de carne y hueso, asesinados por luchar por una sociedad mucho más justa".
La voz lúcida encarnada en cada relato, el estilo de Teresa Godoy, sus saberes y su capacidad de investigación, sitúan fechas, revelan datos comprobados utilizando el análisis, la interpretación, la síntesis, la crítica y sus experiencias minuciosamente apuntadas, fruto de una búsqueda a fondo del pasado y del presente, pero cubierta por los finos hilos de una intimidad que acerca al lector a sucesos humanos violentos, controvertidos.
Había un gran silencio. ¿Cómo veía, cómo sentía sangrar sus heridas? ¿Cuántas realidades y nombres tuvo que negar hasta llegar a esta obra? Tal vez ella quería ignorar o burlar o situar como extraños los motivos de una lucha también consigo misma.
La singularidad de un conglomerado de hechos donde se juegan cara a cara la vida y la muerte, le confieren a este material la fuerte presencia de una sabiduría natural que busca los tiempos geográficos, personales y sociales. Asume las dificultades de escribir al desnudo sobre situaciones que nunca podrán ser olvidadas.
Este libro marca la voz de Tere en la concepción de su historia, con una redacción que nos va dirigiendo hacia un relato sobre el que creíamos estaba todo ya contado. Con el arma minuciosa de la verdad, recapitula el teatro de las acciones violentas en la Argentina y en América Latina, la Operación Cóndor, y también instruyendo, tratando de escaparse de los vacíos en una narración en la que es visible la manera en que limó sus escritos partiendo de un estudio que averiguó lo sucedido con sus compañeros de causa: la lucha por la libertad, la justicia, el honor, en Argentina y Paraguay.
Así ella se suma a una historia nunca acabada de contar, con el aporte de lo que ocurre en este tiempo, con el esfuerzo de aclarar en qué se centra nuestra realidad.
La obra tiene sus fundamentos ideológicos e intelectuales, con un carácter, un tono y un ritmo que le confieren a la intrahistoria una dirección intensamente reveladora, donde los informes se decantan y hay hipótesis manifestadas en su curiosidad por entender y "fichar" el pasado, el ayer que vuelve, apartada del camino trillado, en una resurrección donde es toda ella, enteramente ella: Eligió vivir con la mirada limpia hacia adelante.
Comentario de Nila López, Portal Guaraní